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I

Yâo dijo: «¡Oh! tú, Shun, el orden de sucesión determinado por el Cielo descansa ahora en tu persona. Sostén sinceramente el Justo Medio. Si hay angustia y necesidad dentro de los cuatro mares, los emolumentos celestiales llegarán a un fin perpetuo».

Shun también usó el mismo lenguaje al encomendar a Yü.

T'ang dijo: «Yo, el niño Lî, me atrevo a usar una víctima de color oscuro, y me atrevo a anunciarte a Ti, oh Dios máximo y soberano, que no me atrevo a perdonar al pecador, y a tus ministros, oh Dios, no los mantengo en la oscuridad. El examen de ellos depende de tu mente, oh Dios. Si, en mi persona, cometo ofensas, no han de ser atribuidas a vosotros, el pueblo de las miríadas de regiones. Si vosotros, en las miríadas de regiones, cometéis ofensas, estas ofensas recaerán sobre mi persona».

Châu concedió grandes dones, y los buenos se enriquecieron.

“Aunque tiene a sus parientes cercanos, no están a la altura de mis hombres virtuosos. El pueblo me está echando la culpa a mí, el Hombre único”.

Atendió cuidadosamente a los pesos y medidas, examinó el cuerpo de las leyes, restituyó a los oficiales destituídos, y el buen gobierno del reino siguió su curso.

Hizo revivir Estados que se habían extinguido, restauró familias cuya línea de sucesión se había roto y llamó a puestos oficiales a quienes se habían retirado a la oscuridad, de modo que en todo el reino los corazones del pueblo se volvieron hacia él.

A lo que él concedía máxima importancia era a la alimentación del pueblo, los deberes del luto y los sacrificios.

Por su generosidad, se ganó a todos.

Por su sinceridad, hizo que la gente depositara su confianza en él.

Por su activa entrega, sus logros fueron grandes.

Por su justicia, todos quedaron encantados.

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