Yang Ho deseaba ver a Confucio, pero Confucio no quería ir a verlo. Por ello, le envió un cerdo de regalo a Confucio quien, habiendo elegido un momento en que Ho no estaba en casa, fue a presentar sus respetos por el obsequio. Sin embargo, se lo encontró en el camino.
Huo le dijo a Confucio: «Ven, déjame hablar contigo».
Luego preguntó: «¿Puede llamarse benevolente a aquel que guarda su joya en el pecho y deja su país en la confusión?».
Confucio respondió: «No».
«¿Puede llamarse sabio a aquel que está ansioso por comprometerse en la función pública y, sin embargo, pierde constantemente la oportunidad de serlo?».
Confucio dijo de nuevo: «No».
«Los días y los meses pasan; los años no nos esperan».
Confucio dijo: «Tienes razón; entraré en el servicio público».