Codal
nydus/Short FictionPublic
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II

curvó dentro de su boca como una hoja marchita y helada. No podía hacer otra cosa que mirar fijamente al monstruo que se aproximaba. Y ahora él estaba dando unos saltos más cortos, calculando la distancia para el único brinco definitivo que debía abalanzarlo sobre ella, cuando la sabia mujer salió de detrás del mismo árbol junto al cual había dejado a la princesa, agarró al lobo por la garganta a mitad de su último salto, lo sacudió una vez y lo arrojó muerto lejos de sí. Luego se volvió hacia la princesa, quien se arrojó a sus brazos y fue envuelta al instante entre los pliegues de su capa.

Pero ahora el enorme ejército de lobos y hienas se había precipitado como un mar a su alrededor, cuyas olas saltaban con ronco rugido y hueco alarido contra la sabia mujer. Pero ella, como una fuerte y majestuosa embarcación, avanzaba ilesa en medio de ellos.

Siempre que saltaban contra su capa, caían y se escabullían de regreso entre la multitud. Otros los sucedían sin cesar, y uno tras otro caían a su vez y retrocedían confusos.

Durante un tiempo caminó escoltada y asaltada por todos lados por la jauría aulladora. De repente dieron media vuelta y se alejaron raudos, desvaneciéndose en lo más profundo del bosque. Ella no aminoró ni apresuró el paso, sino que siguió caminando como antes.

Al cabo de un rato ella abrió la capa y dejó que la princesa asomara la cabeza. Los abetos habían cesado; y se hallaban en una elevada altura de brezal, pedregosa, estéril y seca, con matas de brezo y unas cuantas plantas pequeñas aquí y allá. Por doquier, alrededor del páramo, se extendía el bosque, que a la luz de la luna parecía una nube; y por encima del bosque, como la coronilla rapada de un monje, sealzaba el páramo pelado sobre el que caminaban.

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