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nydus/Short FictionPublic
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III. Vísperas

Vesper

Detrás del castillo la colina se elevaba abruptamente; la torre nororiental, en verdad, estaba en contacto con la roca y comunicaba con el interior de esta. Pues en la roca había una serie de cámaras, conocidas solo por Watho y la única criada en quien confiaba, llamada Falca. Algún antiguo dueño había construido estas cámaras imitando la tumba de un rey egipcio, y probablemente con el mismo propósito, pues en el centro de una de ellas se hallaba lo que solo podía ser un sarcófago, pero ese y otros estaban tapiados. Los muros y techos de estas estaban tallados en bajorrelieve y curiosamente pintados. Allí alojó la bruja a la dama ciega, cuyo nombre era Vesper. Sus ojos eran negros, con largas pestañas negras; su piel tenía el aspecto de plata oscurecida, pero era de la más pura textura y grano; su cabello era negro, fino y lacio; sus facciones estaban exquisitamente formadas, y si bien menos hermosas, más encantadoras por la tristeza; siempre parecía como si deseara recostarse para no levantarse jamás. No sabía que estaba alojada en una tumba, aunque de vez en cuando se extrañaba de no tocar nunca una ventana. Había muchos divanes, cubiertos de la más rica seda y suaves como su propia mejilla, para que se tendiera en ellos; y las alfombras eran tan espesas que habría podido dejarse caer en cualquier parte, como correspondía a una tumba. El lugar era seco y cálido, e ingeniosamente horadado para la ventilación, de modo que siempre se mantenía fresco y solo carecía de luz solar. Allí la alimentaba la bruja con leche, vino oscuro como un carbunclo, granadas, uvas moradas y aves que habitan en lugares pantanosos; y le tocaba melodías fúnebres, y hacía que violines plañideros la acompañaran, y le contaba tristes historias, manteniéndola así siempre en una atmósfera de dulce pesar.

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