suficientes para seguir despierta. Pues, aunque el viento había amainado, había un aullido mucho más terrible que el del viento más salvaje alrededor de la cabaña. Y el aullido no era lo único; el aire estaba lleno de extraños gritos; y por todas partes oía el ruido de garras arañando contra la casa, que parecía ser todo puertas y ventanas, tan apiñados eran los sonidos y desde tantas direcciones. Durante toda la noche estuvo tendida medio desmayada, pero escuchando los espantosos ruidos. Sin embargo, con el primer destello de la mañana cesaron.
Luego se dijo a sí misma: «¡Qué afortunada fui al despertarme! Me habrían devorado si hubiera estado dormida».
¡La miserable mujercilla hablaba en verdad como si los hubiera mantenido a raya! Si hubiera hecho su trabajo durante el día, habría dormido a través de los terrores de la oscuridad y se habría despertado sin miedo; mientras que ahora, ¡tenía en el granero de su corazón toda una cosecha de agonías, cosechadas en los campos estériles de la noche!