Codal
nydus/Short FictionPublic
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IX

rose, for she was hungry; but she had to sweep the floor ere she had anything to eat.

El pastor entró a desayunar y fue más amable que su esposa. La tomó en brazos y quiso besarla; pero ella se lo tomó como un insulto de parte de un hombre cuyas manos olían a brea, y pateó y gritó de rabia.

El pobre hombre, al ver que se había equivocado, la bajó de inmediato. Pero al ver a los dos, bien se podría haber juzgado condescendencia más que grosería en semejante hombre besar a semejante niña.

Él era alto, y casi majestuoso, con frente pensativa, ojos brillantes, nariz aguileña y boca apacible; mientras que la princesa era tal como la he descrito.

No contenta con haber sido bajada y dejada en paz, continuó arremetiendo y regañando al pastor, gritando que era una princesa y que ¡le gustaría saber qué derecho tenía él a tocarla!

Pero él se limitó a mirarla desde lo alto de su gran estatura con una sonrisa benévolas, considerándola como una pequeña mona malcriada cuya madre la había adulado llamándola princesa.

—¡Échala a la calle, la ingrata golffa! —gritó su esposa—. ¡Con tu pan y tu leche dentro de su feudo cuerpo, esto es lo que te da a cambio! ¡A fe mía que bien pagada voy por llevar a casa en brazos a una vagabunda tan mal educada! ¡Mi pobre y angelical Inés! ¡Como si ese sapo malhumorado se pareciera en un pelo a ella!

Estas palabras sacaron a la princesa de quicio; pues quienes son más dados a injuriar son los que menos toleran la injuria. Con los puños, los pies y los dientes, como era su costumbre, se abalanzó sobre la pastora, cuya mano ya estaba alzada para propinarle un buen bofetón, cuando de

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