XC
—Gawain —dijo el verde—, ¡que Dios te proteja! Bienvenido eres, a fe mía, buen hombre, a mi morada, y has medido tu viaje como debe un hombre honrado. Conoces los pactos que acordamos juntos; hace hoy un año tomaste lo tuyo, y ahora en este Año Nuevo debes pagar.
Hoy en este valle nos arreglaremos nosotros solos, aquí no hay nadie para decirnos nada, por más que llamemos. Desabróchate ahora el yelmo y recibe tu paga, y no me resistas más de lo que yo me resistí a ti cuando cercenaste mi cabeza de un solo golpe.
—No —dijo Gawain—, por Dios, que me dio la vida, no te guardaré el menor resentimiento por el mal que sobrevenga; ¡pero acuérdate! ¡un solo golpe! Y bien quieto me estaré, sin ofrecer resistencia de ningún modo, hagas lo que hagas, por injusto que sea.
Inclinó el cuello y bajó la cabeza, y mostró la nuca del todo desnuda; parecía un hombre sin temor, de la muerte no le importaba nada.