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nydus/Sir Gawain and the Green KnightPublic
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XIV

XIV

Si primero estupefactos quedaron, aun más silenciosos estuvieron luego todos los nobles en la sala, tanto los altos como los bajos. El jinete sobre su corcel se encabritó en la silla, y moviendo rudamente sus ojos rojos en derredor arrugó sus cejas erizadas, que parpadeaban tan verdes, y agitando su barba observó quién se levantaba.

Cuando nadie le dirigió la palabra, tosio muy fuerte, se estiró con prestancia y de inmediato comenzó a hablar:

“¡Qué! ¿Es esta la casa de Arturo?”, dijo al fin el noble, “¿De la que corre la fama por tantos reinos? ¿Dónde están vuestra pompa y vuestro orgullo, y la proeza de la que os ufanáis, vuestro juego de guerra tan fiero y vuestra gran labia? Ahora la fiesta y la fama de la Tabla Redonda han sido derribadas por una palabra del discurso de un solo hombre, pues todos tembláis de pánico antes de que se ofrezca un golpe”.

Con eso rió tan fuerte que el rey soberano se entristeció, y por la vergüenza la sangre brotó en su rostro de brillante semblante.

  • Creció tan furioso como el viento,
  • Y también todos los que allí estaban.
  • El Rey, audaz por naturaleza,
  • Se acercó entonces a aquel fornido,
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