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nydus/Sir Gawain and the Green KnightPublic
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XXXVII

XXXVII

Una silla junto a la chimenea, donde el carbón ardía con fuerza, estaba lista para que descansara el buen Gawain, con cojines muy costosos sobre colchas acolchadas. Luego le echaron al hombre un alegre manto, un brial marrón, ricamente bordado y forrado con primor con las pieles más finas, y todo ribeteado de armiño, al igual que la capucha. Se sentó en aquel escaño con su espléndido atuendo y se abrigó bien; entonces el semblante del varón mejoró. Pronto montaron sobre caballetes una mesa bien firme con un mantel limpio que brillaba con blancura pulcra, un mantelillo, un salero y cucharas de plata. Luego se lavó a su gusto y fue a tomar su alimento; la cena le sirvieron de inmediato con decoro: guisos de lo más exquisito, aderezados con destreza (porción doble, como es debido) y peces muy numerosos, unos horneados en pan, otros a la brasa sobre lasas ardientes, o hervidos, o en estofado bien sazonado con especias; y siempre servían salsas como a aquel señor pudiera agradarle. Una fiesta la llamó muy francamente y a menudo, a su modo cortesano, mientras los cortesanos lo animaban como a un amigo: «Esta penitencia ahora, señor, tomad, y pronto habrá de enmendarse». Mucha alegría hizo Gawain mostrar, pues el vino a su cabeza fue a nublar.

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