V
Mas Arturo no quería comer hasta que a todos les hubieran servido, tenía algo de infantil, y era alegre en su juventud; la vida le pesaba poco, y no le gustaba mucho ni yacer demasiado ni estar demasiado sentado; así lo agitaba su sangre joven y su mente impaciente.
Y otro ánimo lo movía: pues amaba enormemente toda noble fama, y jamás comía en tan preciada ocasión hasta que alguien le contara alguna historia de caballería, emocionante y extraña, alguna gran maravilla que pudiera creer, de alta andanza caballeresca u otra aventura, o hasta que alguien le rogara, siendo un caballero seguro, que lo acompañara en justa y peligro de armas, jugándose la vida por vida, y permitiéndose el uno al otro según la fortuna favoreciera para obtener ventaja.
Así se acostumbraba el Rey, dondequiera que su corte celebraba, en cada día de fiesta solemne, con su hueste franca en el Salón.
Por eso, con tan orgulloso talante, erguido y corpulento en su estrado se halla; alegre en aquel Año Nuevo mucha diversión comparte con todos.