XXX
Ahora cabalga y vaga por el reino de Logres, sir Gawain, amparado por Dios, aunque de juego no tuviera nada.
A menudo sin amigos, solo, pasaba las noches donde no hallaba ante sí la comida que le gustaba. No tenía más compañero que su potro por breña y bosque, ni más confidente que Dios para hablar en el camino, hasta que se acercó mucho a Gales del Norte.
Todas las islas de Anglesey dejó a su izquierda y cruzó los vados por los cabos salientes, pasando por Holy Head, hasta que de nuevo desembarcó en el desierto de Wirral; pocos moraban allí a quienes Dios o el hombre amaran de buen corazón.
Y siempre que viajaba, a la gente con la que se topaba les preguntaba si habían oído hablar de algún Caballero Verde, en algún paraje de por allí, de la Capilla Verde; y todos le negaban con la cabeza, diciendo que jamás en su vida habían visto un alma que tuviera un talle tan verde.
Anduvo por sendas muy extrañas entre lúgubres colinas y cañadas, su ánimo a menudo pudo cambiar antes de que esa capilla fuera a divisar.