XVII
Entonces mandó el Rey que el Caballero se levantara;
Y se apartó de su asiento, y bajó del estrado, Se arrodilló ante el Rey, y empuñó el arma; Y el señor leal la soltó, y alzando la mano la bendición de Dios le dio y con alegría le mandó mantener firmes tanto el corazón como la mano.
«¡Recuerda, primo!», dijo el Rey, «un golpe que tú le des. Y si lidias con él de buena lid, sin miedo, confío en que soportarás cualquier golpe que él pueda devolverte después».
Luego empuña la guadaña de guerra y va hacia su hombre. Quien con valentía le aguarda y no se acobarda en absoluto Sino que habla a Sir Gawain, ese galante de verde: «Repasemos nuestros tratos antes de seguir adelante. Te conjuro, como leal Caballero, a que con verdad me digas Cuál es tu nombre: tu palabra deseo tener».
«A fe mía», dijo él, «Gawain es mi nombre Que te asesta este golpe, venga la suerte que viniere, Y de aquí a doce meses recibiré uno tuyo Con el arma que quieras, y ningún mortal traeré conmigo con vida».
Él le responde de nuevo: «Sir Gawain, ¡así prospere, mas grandemente me alegro del golpe que tú has de darme!».