XLV
“Aun más —dijo él—, un pacto haremos: lo que gane en el bosque os habré de entregar, y lo que aquí logréis, me lo daréis a cambio. ¡Un trato, os lo ruego! Lo cumpliremos con justicia, ya sea sin valor lo que ganemos o de gran valía”.
«En nombre de Dios —dijo Gawain—, de buena gana lo acepto; el juego que os place me agrada por completo».
«¿Quién nos trae la bebida para sellar este trato?», dijo el señor de la tierra; todos rieron, bebieron y departieron, gentiles y libres, aquellos señores y damas, todo el tiempo que quisieron; luego, con maneras francas y estilo de corte, se detuvieron y se pusieron en pie, y en silencio susurraron, se besaron hermosamente y pidieron la venia.
Por leales vasallos muy queridos, y con antorchas encendidas, estos nobles son conducidos por fin a sus lechos con gran alegría, pero antes de irse a la cama, renuevan los pactos otra vez; aquel viejo y afable señor su juego sabía bien mantener.