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“¡Mirad, mi señor!”, dijo el vasallo, y el lazo que empuñaba,
“Este es el cíngulo de culpa que llevo en el cuello, este es el daño y la afrenta que ahí me fueron infligidos por la cobardía y codicia en que fui atrapado; esta es la prueba de la felonía en que caí y he de llevarlo conmigo todo el tiempo que viva; el hombre puede ocultar su agravio mas no deshacerlo, pues si el nudo se ata una vez, ya jamás podrá desatarse”.
El Rey lo conforta; y toda la corte, entre risas, convino, por amor al vasallo, en que los Lores y Damas pertenecientes a la Tabla, cada uno de la hermandad, portaría un tahalí, una banda llevada de soslayo de un verde brillante, a juego con el atuendo de Gawain, por amor a Gawain.
Fue un glorioso distintivo de la Tabla Redonda, y quien lo tuvo fue honrado por siempre jamás, como consta en el mejor de los libros de romances.
Así aconteció esta aventura en tiempos de Arturo, de lo cual dan testimonio los Libros de Britania.
Desde que Bruto, el caballero osado, vino aquí por primera vez, cuando el sitio y el asalto cesaron en Troya, a fe mía, muchas maravillas antes de ahora han ocurrido como esta.
Aquel que la corona de espinas llevó, nos lleve ahora a Su gloria.
Amén.
Hony soyt qui mal pence.