IV
El año era aún joven, era el día de Año Nuevo, y doble (como es debido) se servía en el estrado; tan pronto el Rey con sus caballeros hubo entrado en el salón y el canto en la capilla hubo llegado a su fin, se alzó un fuerte clamor por parte de plebeyos y clérigos, que celebraban de nuevo el Noel y lo nombraban a menudo; luego se apresuraron los cortesanos a ofrecer sus aguinaldos, alegres gritaron los regalos de Yule y los dieron mano a mano, debatiendo con afán sobre el acontecimiento—
Las damas reían a carcajadas aunque hubiesen perdido, y los ganadores no estaban enojados, bien podéis creerlo.
Así hacían su alegría hasta que llegó la hora de comer, y cuando se hubieron lavado, se fueron a la mesa, y fueron colocados por rango, como es regla en el salón. La reina Guenor, muy alegre, estaba ataviada en el centro, en el estrado real, real y noblemente ataviada con cendal a los lados, y un dosel sobre ella, tapices muy ricos de la roja taracea bordados y engalanados con las más finas gemas que pudieran probarse sin precio, con monedas para comprar, por siempre;
- La más encantadora parecía de todas
- con ojos brillantes y grises,
- la dama más querida del salón,
- bien podía decir cada hombre con verdad.