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Así que ella le dio los «Buenos días», y con una mirada rió, Luego lo dejó petrificado, donde estaba, con palabras recias de sobra: «¡Que aquel que rige toda palabra os pague este entretenimiento! Mas en mi mente discuto si sois vos Sir Gawain». «¿Por qué tal?», dijo el noble, y con seriedad preguntó, Pues temía haber fallado en la forma de su discurso: Pero la dama lo bendijo y rompió a hablar al punto: «Un mozo tan apuesto como se tiene a Gawain, Tenido por cortés por encima de todos los demás caballeros, No habría podido tan fácilmente permanecer tanto tiempo con una dama Sin pedir un beso, por mor de su cortesía, Mediante algún toque leve, al terminar de hablar». Entonces dijo Gawain: «Os lo otorgo, ya que os parece bien; Besaré a vuestra orden, es deber de un caballero— Ni querría disgustaros; así que no lo supliquéis más». Luego se acerca ella, y lo toma en sus brazos, Se inclina cortésmente y besa a su caballero. Con gracia encomiendan el uno al otro a Cristo; Ella se marcha por la puerta sin más dilación, Y él se levanta de la cama y se alista al punto, Llama a su camarero, elige su atuendo, Y va, cuando está listo, alegremente a misa. Luego se encaminó a su comida por una hora provechosa, Y festejó todo el día hasta que salió la luna, muy dichoso.