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nydus/Sir Gawain and the Green KnightPublic
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XLVI

XLVI

Muy temprano, antes del alba, la gente ya andaba en pie; los huéspedes que querían partir llamaron a sus servidores, quienes se apresuraron a ensillar los caballos, reunieron los aparejos y ataron las maletas; los de alcurnia estaban listos para cabalgar, todos ataviados, dieron un salto ligero y tomaron sus bridas, cada hombre en su camino, tal como bien le placía.

El estimado señor de la tierra tampoco fue el último, ataviado para la cabalgata, con alegre séquito; comió un bocado, tras haber oído su misa, y con la corneta al campo se aprestó al punto; apenas la luz del día amaneció sobre la tierra, él y sus nobles ya montaban a caballo.

Entonces los mozos de aquel oficio acoplaron sus sabuesos, abrieron las perreras y los llamaron de allí, y soplaron recio en las cornetas tres claras notas, mientras los lebreles ladraban —¡y hacían un gran alboroto!; a los sabuesos que iban en persecución los castigaban con látigos, un centenar de cazadores, según he oído contar, de los mejores.

Los ojeadores fueron a su puesto, los cazadores soltaron sus sabuesos, y los cuernos hicieron, a lo ancho y a lo largo, un gran estruendo en aquel bosque.

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