XXII
O aconteció este agüero a Arturo en Yule, Cuando por vanagloriosos votos de hazañas ansiaba; Aunque faltaron bravas palabras al ir a sus manjares, Ahora se ven abrumados de ruda labor en abundancia.
A empezar este juego se alegró Gawain por completo, Mas si el final es pesado, no os extrañéis de ello: Pues aunque la mente ríe cuando han tomado hidromiel, Un año vuela raudo y jamás rinde lo mismo— El fin y el principio no marchan acordes.
Así pasó aquel Yule y el año siguiente, Y cada estación muy pronto siguió a la otra. Tras la Navidad vino la áspera Cuaresma Que nos prueba con pescado y sustento más magro.
Luego el clima del mundo con el invierno reñía, El frío encoge abajo, las nubes se alzan en alto Y vierten la bruñida lluvia en chubascos muy tibios, Para caer sobre el bello campo; las flores asoman, Praderas y arboledas visten ropajes verdes, Las aves se apresuran a anidar, y con brío cantan Por el solaz del verano que sigue después, por cierto, Y los capullos hinchan y abren En setos ricos y alegres; Entonces notas nobles por montones Se oyen en el soto, en mayo.