VII
Ahora os diré de su servicio no más, Pues bien podéis saber, no faltaba ninguno.
Otra nota bien nueva sonó de repente, Para que el pueblo tuviera licencia de ir a los vítores. Pero el ruido de aquella nota no había cesado un instante Cuando el primer plato en la corte fue servido con esmero, A cuando irrumpió, a caballo, un amo temible,
De estatura el más alto y fornido de la tierra, Su cuerpo hasta la cintura tan ancho y tan membrudo, Y sus lomos y sus extremidades tan largos y tan grandes, Medio gigante al principio juzgaron que podría ser, Mas hombre era en verdad, el más poderoso de molde Y la figura más fina que a caballo pudiera montar.
Pues de espalda y de pecho su cuerpo era grande, Mas su cintura y su vientre eran gentilmente pequeños, Y sus miembros, cada cual, guardaban con ellos proporción, bien pulcros.
Todos se maravillaban de su color, Y también de su porte señorial; Parecía caballero audaz y leal, Pero brillaba todo de verde en su fulgor.