LIV
La cabeza y el cuello cortaron después, y separaron con presteza los costados del lomo, y la parte de los cuervos arrojaron a un arbusto; luego perforaron los gruesos costados a través de la costilla, y los colgaron en alto rajando los tendones, cada hombre por su parte, según le toca por costumbre.
Sobre una piel de la bella bestia alimentaron a sus sabuesos con el hígado y los bofes, el cuero de las panzas, y pan bañado en sangre, mezclado allí mismo, y con audacia tocaron la priz, mientras los lebreles ladraban; luego tomaron la carne y marcharon hacia el hogar, haciendo sonar con mucha fuerza muchos sonoros reclamos.
A la hora en que el día se había acabado, habían llegado a la puerta del hermoso castillo, donde el caballero los espera tan quieto, en dicha, con un fuego brillante avivado; el señor ha llegado hasta allí; cuando Gawain salió a su encuentro, no hubo sino dicha a voluntad.