III
El Rey yacía en Camelot en tiempo de Navidad, Con muchos lozanos señores, leales vasallos de los mejores, Todos los hermanos reales de la Mesa Redonda, Entre festejos muy ricos y alegres desmandes.
Allí nobles caballeros tornearon, a veces, muy a menudo, Justaban bien alegres estos gentiles pares, Luego acudían a la corte a danzar sus villancicos. Pues la fiesta duró quince días enteros, Con toda la carne y la alegría que los hombres pudieron imaginar— Tan gozoso regocijo glorioso de oír, Jolgorio alegre de día y bailes por las noches, Que todo era felicidad en el salón y en la cámara Entre señores y damas: era el gusto del rey soberano.
Con todo el bienestar del mundo vivían juntos— Los caballeros más nobles conocidos bajo el mismo Cristo, Y las damas más hermosas que la vida jamás tuvo, Y él, el rey más apuesto, que gobernaba la corte, Y toda esta hermosa gente, en la flor de su edad, tan generosa, Los más felices por siempre sobre la tierra, Y el Príncipe más orgulloso era él; No podríais hallar hoy Una compañía tan valerosa.