LVIII
Así que tras el jabalí los arqueros se apresuraron, Le apuntaron flechas y lo alcanzaron de lleno; Mas las puntas no pudieron penetrar la médula de sus escudos, Y la púa más afilada en su carnaza no mordía Aunque el astil cepillado se hizo añicos; La punta de flecha, allí donde golpeaba, siempre rebotaba.
Pero los golpes al fin de sus feroces embates lo aturdieron, Y frenético por la lid se lanzó contra ellos, Los hirió gravemente por doquier que salía, De modo que muchos temieron y se retiraron.
Pero el señor en un brioso corcel se lanza tras él, El hombre audaz montado toca su clarín, Y cabalga a carrera por breñal y espesura, Persiguiendo a este cerdo, hasta que el sol se levanta.
Así este día batallan con faenas en el campo Mientras nuestro amado señor yace en la cama, Gawain prestamente en casa, con atuendo muy rico Y brillante.
La dama no olvidó, A saludarlo entró, Muy temprano se le presentó Buscando ganar su voluntad.