Un León y un Oso disputaban la posesión de un cabrito, del cual se habían apoderado al mismo tiempo. La batalla fue larga y encarnizada; al fin, ambos quedaron exhaustos y yacían en el suelo, gravemente heridos y jadeando por falta de aire.
Una raposa había estado merodeando todo el tiempo y observando el combate; y cuando vio a los contendientes tirados allí, demasiado débiles para moverse, se deslizó sigilosamente, se apropió del cabrito y huyó con él.
Ellos miraron impotentes, y el uno le dijo al otro: «¡Miren nada más cómo nos hemos estado despedazando durante todo este tiempo, para que nadie saque provecho de ello... excepto la raposa!».