Un Abeto se jactaba ante una Zarza y le dijo, con cierto desprecio: «Pobre criatura, no sirves para absolutamente nada. Mira, en cambio, a mí: soy útil para toda clase de cosas, especialmente cuando los hombres construyen casas; entonces no pueden prescindir de mí».
Pero la Zarza respondió: «Ah, todo eso está muy bien, pero espera a que vengan con hachas y sierras a cortarte, y entonces desearás ser una zarza y no un abeto».
Más vale la pobreza sin preocupaciones que la riqueza con sus muchas obligaciones.