CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 176 of 288
Table of Contents

El molinero, su hijo y su burro

Un Molinero, acompañado de su joven Hijo, conducía a su Asno hacia el mercado con la esperanza de encontrarle un comprador. En el camino se encontraron con un grupo de muchachas, que reían y conversaban, y exclamaron: «¿Habéis visto jamás semejante par de necios? ¡Ir andando penosamente por el camino polvoriento cuando podrían ir montados!». El Molinero pensó que había sensatez en lo que decían; así que hizo que su Hijo se montara en el Asno, y él marchó a pie a su lado.

Poco después se encontraron con unos viejos amigotes de este, los cuales los saludaron y dijeron: «¡Vais a malcriar a ese Hijo vuestro, dejándole montar mientras vosotros vais a pie penando! ¡Hacedle caminar, joven holgazán! Le sentará de maravilla».

El Molinero siguió el consejo de estos, y ocupó el lugar de su Hijo en el lomo del Asno mientras el muchacho iba caminando detrás.

No habían ido muy lejos cuando alcanzaron a un grupo de mujeres y niños, y el Molinero les oyó decir: «¡Qué viejo tan egoísta! ¡Él va montado cómodamente, pero deja que su pobre hijito le siga como buenamente puede sobre sus propias piernas!». Así que hizo que su Hijo se subiera detrás de él.

Más adelante en el camino se cruzaron con unos viajeros, que le preguntaron al Molinero si el Asno que montaba era de su propiedad, o una bestia alquilada para la ocasión. Él respondió que era suyo, y que lo llevaba al mercado para venderlo.

“¡Cielos!”, dijeron ellos, “con una carga como esa la pobre bestia estará tan agotada para cuando llegue allí que nadie la mirará. ¡Vaya, harías mejor en llevarlo tú a cuestas!”.

—Con tal de complacerte —dijo el viejo—, por probar que no quede.

Así que bajaron, ataron las patas del Asno con una cuerda y lo colgaron de un pértiga, y por fin llegaron a la ciudad, llevándolo en hombros entre los dos. Esto era un espectáculo tan absurdo que la gente salía en masa a reírse de él, y se mofaban del Padre y del Hijo sin compasión, llegando algunos incluso a llamarlos lunáticos.

Llegaron entonces a un puente sobre el río, donde el Asno, asustado por el ruido y por su inusual situación, coceó y forcejeó hasta romper las cuerdas que loataban, y cayó al agua y se ahogó.

Por lo cual el desfortunado Molinero, vexado y avergonzado, regresó a su casa lo mejor que pudo, convencido de que al intentar complacer a todos no había complacido a nadie, y había perdido a su Asno además.

176