Un Caballo, que había estado acostumbrado a llevar a su jinete a la batalla, sintió que envejecía y prefirió trabajar en un molino.
Ya no se encontraba marchando con orgullo al son de los tambores, sino que se veía obligado a trabajar duro todo el día moliendo el grano.
Lamentando su dura suerte, le dijo un día al Molinero: «¡Ay de mí! Alguna vez fui un espléndido caballo de guerra, gallardamente enjaezado, y atendido por un caballerizo cuyo único deber era cuidar de mis necesidades. ¡Qué diferente es mi condición actual! Ojalá nunca hubiera abandonado el campo de batalla por el molino».
El Molinero respondió con aspereza: «De nada sirve que te lamentes del pasado. La Fortuna tiene muchos altibajos: simplemente debes aceptarlos tal como vienen».