Un perro estaba tumbado en un pesebre sobre el heno que se había puesto allí para el ganado, y cuando estos se acercaron e intentaron comer, les gruñó, les tiró tarascones y no les dejó alcanzar su alimento.
«Qué bestia tan egoísta», dijo uno de ellos a sus compañeros; «él mismo no puede comer y, sin embargo, no deja comer a los que sí pueden».