El perro de un jardinero cayó en un pozo profundo, del cual su amo solía sacar agua para las plantas de su jardín con una cuerda y un cubo.
Al no poder sacar al Perro por medio de estos, el jardínero bajó él mismo al pozo con el fin de rescatarlo.
Pero el perro pensó que había ido a asegurarse de ahogarlo; así que mordenió a su amo tan pronto como estuvo a su alcance, y lo lastimó bastante, con el resultado de que dejó al Perro a su suerte y salió del pozo trepando, mientras comentaba: «Bien merecido lo tengo por intentar salvar a un suicida tan empeñado».