Un buen día de invierno, unas Hormigas estaban muy ocupadas secando su reserva de grano, que se había humedecido bastante durante una larga temporada de lluvias.
En eso se acercó una Cigarra y les suplicó que le regalaran unos cuantos granos, «pues —dijo—, me estoy muriendo de hambre».
Las Hormigas detuvieron el trabajo por un momento, aunque esto iba en contra de sus principios.
—¿Podríamos preguntar —dijeron— qué estuviste haciendo todo el verano pasado? ¿Por qué no recolectaste una provisión de comida para el invierno?
—El caso es que —respondió la Cigarra—, estaba tan ocupada cantando que no tuve tiempo.
—Si pasaste el verano cantando —respondieron las Hormigas—, no puedes hacer nada mejor que pasar el invierno bailando.
Y soltaron una carcajada y continuaron con su trabajo.