Un águila se abalanzó sobre una serpiente y la apresó entre sus garras con la intención de llevársela y devorarla.
Pero la serpiente fue más rápida y en un momento lo rodeó con sus anillos; y entonces se desató una lucha a muerte entre ambos.
Un campesino, que presenció el combate, acudió en ayuda del águila y logró liberarla de la serpiente y permitirle escapar.
En venganza, la serpiente escupió un poco de su veneno en el cuerno para beber del hombre. Fatigado por el esfuerzo, el hombre se disponía a calmar su sed con un trago del cuerno, cuando el águila se lo arrebató de la mano de un golpe y derramó su contenido en el suelo.
Hoy por ti, mañana por mí.