Júpiter estaba a punto de casarse y decidió celebrar el acontecimiento invitando a todos los animales a un banquete.
Todos acudieron excepto la Tortuga, que no hizo acto de presencia, para gran sorpresa de Júpiter.
Así que la siguiente vez que vio a la Tortuga, le preguntó por qué no había estado en el banquete.
«No me gusta salir —dijo la Tortuga—; no hay como estar en casa».
Júpiter se molestó tanto con esta respuesta que decretó que, en adelante, la Tortuga llevaría su casa a cuestas y nunca podría alejarse de su hogar, ni siquiera aunque lo deseara.