Una Leona y una Zorra charlaban sobre sus crías, como suelen hacer las madres, y decían cuán sanas y bien crecidas estaban, qué hermosos pelajes tenían y cómo eran la viva imagen de sus padres.
—Mi camada de cachorros da gusto verla —dijo la Zorra, y luego añadió, con cierta malicia—: Pero me he fijado en que tú nunca tienes más de uno.
—No —respondió la Leona con severidad—, pero ese uno es un león.
Calidad, no cantidad.