Los Miembros del Cuerpo se rebelaron una vez contra el Vientre.
«Tú —le dijeron al Vientre—, vives en el lujo y la ociosidad, y no das golpe; mientras que nosotros no solo tenemos que hacer todo el trabajo duro que hay que hacer, sino que además somos tus esclavos y tenemos que atender a todas tus necesidades. Pues bien, ya no lo haremos más, y a partir de ahora tendrás que apañártelas por ti mismo».
Cumplieron su palabra y dejaron al Vientre pasar hambre. El resultado fue justo el que cabía esperar: todo el Cuerpo pronto empezó a decaer, y los Miembros y todos los demás compartieron el colapso general. Y entonces vieron, demasiado tarde, lo estúpidos que habían sido.