Dos Ollas, una de barro y otra de bronce, fueron arrastradas por un río crecido.
La Olla de bronce instó a su compañera a que se mantuviera muy cerca de su lado y le prometió que la protegería. La otra se lo agradeció, pero le suplicó que no se le acercara bajo ningún concepto:
—Porque eso —dijo— es precisamente lo que más temo. Un solo toque tuyo y me haría pedazos.
Los iguales hacen a los mejores amigos.