Un León y un Onagro salieron a cazar juntos: el segundo debía acorralar a la presa por su velocidad superior, y el primero llegaba entonces para matarla. Tuvieron un gran éxito; y al llegar el momento de repartir el botín, el León lo dividió todo en tres porciones iguales.
«Me llevaré la primera —dijo—, porque soy el Rey de las bestias; también me llevaré la segunda, porque, como tu compañero, tengo derecho a la mitad de lo que queda; y en cuanto a la tercera... bueno, a menos que me la cedas y te largues bien rápido, ¡la tercera, créeme, te hará arrepentir mucho de haber nacido!».
La ley del más fuerte.