Una mañana, una Mula, que había comido demasiado y tenía muy poco que hacer, empezó a creerse un tipo estupendo y andaba retozando por ahí diciendo: «Mi padre era sin duda un caballo de gran espíritu y me parezco a él por completo».
Pero muy poco después la pusieron en los arneses y la obligaron a recorrer un largo trecho con una pesada carga a sus espaldas.
Al final del día, agotada por sus inusuales esfuerzos, se dijo abatida: «Debí de equivocarme respecto a mi padre; al fin y al cabo, no pudo ser más que un asno».