Un pajarero atrapó una perdiz en sus redes y estaba a punto de torcerle el cuello cuando esta le suplicó patéticamente que le perdonara la vida y le dijo: «No me mates, déjame vivir y te recompensaré por tu bondad atrayendo a otras perdices a tus redes».
«No —dijo el pajarero—, no te perdonaré. De todos modos iba a matarte, y después de ese discurso traicionero te mereces con creces tu destino».