Un Gato saltó sobre un Gallo y buscó alguna buena excusa para comérselo, pues los Gatos por lo general no comen Gallos, y ella sabía que no debía hacerlo.
Por fin dijo: «Das mucho fastidio por la noche al cantar y no dejar dormir a la gente: así que voy a acabar contigo».
Pero el Gallo se defendió diciendo que cantaba para que los hombres se despierten y comiencen el trabajo del día a buena hora, y que en realidad no podían pasar sin él ni por asomo.
«Puede ser —dijo el Gato—, pero, puedan o no, no me voy a quedar sin cenar»; y lo mató y se lo comió.
A un villano nunca le ha faltado una buena excusa para cometer un crimen.