Un Perro y una Puerca discutían y cada uno afirmaba que sus propias crías eran más hermosas que las de cualquier otro animal.
—Bueno —dijo por fin la Puerca—, las mías pueden ver, al menos, cuando vienen al mundo: pero los tuyos nacen ciegos.
Un Perro y una Puerca discutían y cada uno afirmaba que sus propias crías eran más hermosas que las de cualquier otro animal.
—Bueno —dijo por fin la Puerca—, las mías pueden ver, al menos, cuando vienen al mundo: pero los tuyos nacen ciegos.