Un joven Podenco persiguió a una Liebre y, cuando la alcanzó, unas veces le tiraba mordiscos con los dientes como si fuera a matarla, mientras que otras soltaba la presa y brincaba a su alrededor, como si estuviera jugando con otro perro.
Por fin la Liebre dijo: «¡Ojalá te mostrases tal como eres! Si eres mi amigo, ¿por qué me muerdes? Si eres mi enemigo, ¿por qué juegas conmigo?».
No es amigo el que juega a dos bandas.