la óptica». Entre las circunstancias que supone le fueron desfavorables en aquella ocasión, menciona la elección de su título, y observa que al hacer referencia a la óptica debió de parecer que pretendía tener conocimientos de matemáticas, una ciencia con la que él mismo admite que estaba muy poco familiarizado. Otra de las causas a las que atribuye el severo trato que recibió fue haberse atrevido a cuestionar tan abiertamente la verdad de la teoría establecida; pero esta última provocación no podía deberse a una mera inadvertencia por su parte; de hecho, la obra de mayor extensión en la que alude a estas circunstancias destaca aún más por la violencia de sus objeciones a la doctrina newtoniana.
No puede dudarse, sin embargo, que gran parte de la oposición con que tropezó Goethe debió atribuirse tanto a la forma como al fondo de sus afirmaciones. Si se hubiera limitado a detallar meramente sus experimentos y a mostrar su aplicación a las leyes de la armonía cromática, dejando que otros los reconciliasen como pudiesen con el sistema preestablecido, o incluso que dudasen en consecuencia de la verdad de algunas de las conclusiones newtonianas, habría disfrutado del crédito que merecía por la exactitud y la utilidad de sus investigaciones. Tal como fueron las cosas, la expresión intransigente de sus convicciones solo le expuso al resentimiento o al silencioso desdén de gran parte del mundo científico, de modo que