adelante, que muestre hasta qué punto los diferentes metales pueden hacerse exhibir, en mayor o menor medida, los diferentes colores.
511.
Cuando la superficie limpia y lisa de un metal puro, al ser calentada, se cubre con un color velado que atraviesa una serie de aspectos a medida que el calor aumenta, esto, estamos convencidos, indica la aptitud del metal para recorrer toda la gama de colores.
Hallamos este fenómeno expuesto de la manera más bella en el acero pulido; pero la plata, el cobre, el latón, el plomo y el estaño presentan fácilmente apariencias similares. Aquí está teniendo lugar probablemente una oxidación superficial, como puede inferirse de los efectos de la operación cuando esta continúa, especialmente en los metales más fáciles de oxidar.
512.
Se puede deducir la misma conclusión del hecho de que el hierro se oxida más fácilmente mediante líquidos ácidos cuando está al rojo vivo, pues en este caso los dos efectos concurren el uno con el otro. Observamos, además, que el acero, según se temple en diferentes etapas de su coloración, puede mostrar una diferencia de elasticidad: esto es de lo más natural, ya que las diversas apariencias de color indican varios grados de calor.42
513.
Si miramos más allá de este manto superficial, de esta película de color, observamos que, al oxidarse los metales en toda su masa, el blanco o el negro aparecen con el primer grado de