muy grande; la tierra aluminosa se distingue particularmente por ello.
508.
Al pasar a considerar los metales, los cuales en el mundo inorgánico tienen la casi exclusiva prerrogativa de aparecer coloreados, hallamos que, en su estado puro, independiente y natural, ya se distinguen de las tierras puras por una tendencia hacia uno u otro color.
509.
Mientras que la plata se aproxima casi al blanco puro —más aún, representa realmente el blanco puro, realzado por el esplendor metálico—, el acero, el estaño, el plomo y demás tienden hacia el gris azulado pálido; el oro, por otra parte, se intensifica hacia el amarillo puro, el cobre se acerca a una tonalidad roja que, bajo ciertas circunstancias, aumenta casi hasta el rojo vivo, pero que vuelve a adoptar un color amarillo dorado cuando se combina con el cinc.
510.
Mas si los metales en su estado puro tienen una determinación tan específica hacia esta o aquella manifestación de color, se ven, por el efecto de la oxidación, reducidos en cierto grado a un carácter común; pues los colores elementales surgen ahora en su pureza, y aunque este o aquel metal parece tener una tendencia particular a este o aquel color, hallamos algunos que pueden recorrer todo el círculo de matices, otros que son capaces de exhibir más de un color; el estaño, sin embargo, se distingue por su relativa ineptitud para colorearse. Nos proponemos presentar una tabla más