cuando gran parte de lo que es regular y constante en la naturaleza se consideraba como una mera aberración y un accidente, los colores originados por la refracción apenas recibían atención y se consideraban una apariencia atribuible a circunstancias locales particulares.
286.
Pero después de haberse supuesto que esta aparición de color acompaña a la refracción en todo momento, era natural que se la considerara íntima y exclusivamente conectada con dicho fenómeno; arraigando la creencia de que la medida de la apariencia coloreada era proporcional a la medida de la refracción, y de que debían avanzar pari passu la una con la otra.
287.
Si, de nuevo, los filósofos atribuían el fenómeno de una refracción más fuerte