por medio de objetos incoloros; que tenemos así también ante nosotros una superficie incolora sobre la cual se actúa tal como se hace en la propia retina, y que podemos percibir la apariencia producida sobre ella fuera de nosotros. En tal proceso, sin embargo, cada observación nos convencerá de que nos las vemos con colores en un estado progresivo y mutable, mas no final o completo.
138.
Por consiguiente, al dirigir nuestra atención hacia estos colores físicos, encontramos del todo posible colocar un fenómeno objetivo junto a uno subjetivo, y a menudo, mediante la unión de ambos, penetrar con éxito más profundamente en la naturaleza de la apariencia.
139.
Así, en las observaciones mediante las cuales nos familiarizamos con los colores físicos, no se debe considerar que el ojo actúa solo; ni debe considerarse jamás la luz en relación inmediata con el ojo: sino que dirigimos nuestra atención especialmente a los diversos efectos producidos por medios, siendo esos medios incoloros en sí mismos.
140.
La luz bajo estas circunstancias puede verse afectada por tres condiciones. * Primero, cuando rebota desde la superficie de un medio; al considerar esto, los experimentos catóptricos atraen nuestra atención. * Segundo, cuando pasa junto al borde de un medio: los fenómenos así producidos se denominaban antiguamente perióptricos; nosotros preferimos el término paróptrico. * Tercero, cuando atraviesa un cuerpo ya sea meramente transmisor de luz o verdaderamente transparente; constituyendo así