y apenas susceptible en absoluto.
9.
Si pasamos repentinamente de un estado al otro, aun sin suponer que sean los extremos, sino tan solo, tal vez, un cambio de lo brillante a lo oscuro, la diferencia es notable, y descubrimos que los efectos perduran durante un tiempo.
10.
Al pasar de la luz radiante del día a un lugar oscuro, al principio no distinguimos nada; gradualmente el ojo recupera su sensibilidad; los ojos fuertes antes que los débiles; los primeros en un minuto, mientras que los segundos pueden requerir de siete u ocho minutos.
11.
El hecho de que el ojo no sea susceptible a impresiones débiles de luz, si pasamos de la luz a una oscuridad comparativa, ha dado lugar a curiosos errores en las observaciones científicas.
Así, un observador, cuyos ojos requerían cierto tiempo para recuperar su tono, estuvo durante mucho tiempo bajo la impresión de que la madera podrida no emitía luz al mediodía, ni siquiera en una habitación oscura. El hecho era que no veía la luz tenue, porque estaba acostumbrado a pasar del brillo del sol a la habitación oscura, y solo posteriormente permaneció allí el tiempo suficiente como para que el ojo tuviera tiempo de recuperarse.
Lo mismo puede haberle ocurrido al doctor Wall, quien, de día, aun en una habitación oscura, apenas podía percibir la luz eléctrica del ámbar.
El que no veamos las estrellas de día, así