no será negada por nadie; considerarlos idénticos en sustancia es menos fácil de comprender. Resultará más inteligible afirmar que una luz latente reside en el ojo, y que puede ser excitada por la más leve causa, desde dentro o desde fuera. En la oscuridad podemos, mediante un esfuerzo de imaginación, evocar las imágenes más brillantes; en los sueños los objetos se nos aparecen como a plena luz del día; despiertos, la más leve acción externa de la luz es perceptible, y si el órgano sufre una sacudida real, brotan la luz y los colores.
Aquí, sin embargo, aquellos que suelen proceder según un cierto método quizás observen que todavía no hemos explicado de manera decisiva qué es el color. Esta cuestión, al igual que la definición de la luz y del ojo, quisiéramos eludirla por el momento, y apelar a nuestra propia investigación, donde hemos mostrado detalladamente cómo se produce el color.
No tenemos, por tanto, sino que repetir que el color es una ley de la naturaleza en relación con el sentido de la vista. Debemos suponer también que todo el mundo posee este sentido, que todo el mundo conoce la operación de la naturaleza sobre él, pues a un ciego le sería imposible hablar de los colores.
Para no parecer, sin embargo, demasiado deseosos de eludir tal explicación, volveremos a formular lo dicho del siguiente modo: * el color es un fenómeno elemental