obvio, porque el papel no recibe luz de todo el sol, sino parcialmente de puntos individuales de su
405.
Si miramos atentamente esta tenue imagen del sol, la encontramos todavía más tenue hacia los contornos, donde es perceptible un borde amarillo. El color es aún más evidente si un vapor o una nube transparente pasan ante el sol, mitigando y oscureciendo así su brillo. El halo en la pared, efecto del brillo decreciente de una luz colocada cerca de ella, se impone aquí a nuestra memoria. (88.)
406.
Si examinamos la imagen con más exactitud, percibimos que este borde amarillo no es la única aparición de color; podemos ver, además, un círculo azulado, si es que no