que tengan exactamente la misma fuerza; ambas sombras pueden mostrarse con igual intensidad y claridad, de modo que ambos colores se equilibren perfectamente. Colocándose una superficie blanca frente a la luna llena, y situándose la vela un poco a un lado a la distancia adecuada, se interpone un cuerpo opaco ante el plano blanco. Se verá entonces una sombra doble: * la proyectada por la luna e iluminada por la luz de la vela será de un rojo-amarillo intenso; y * por el contrario, la proyectada por la vela e iluminada por la luna aparecerá de un azul bellísimo. La sombra compuesta por la unión de ambas sombras, allí donde se cruzan, es negra. La sombra amarilla (74) tal vez no pueda mostrarse de un modo más llamativo. La vecindad inmediata del azul y la sombra negra interpuesta hacen que el fenómeno sea aún más agradable. Incluso se descubrirá, si el ojo se detiene largamente en estos colores, que estos se evoca y realzan mutuamente, de modo que el rojo creciente en la una sigue produciendo su contraste, a saber, una especie de
77.
Nos vemos aquí conducidos a observar que en este, y en todos los casos, tal vez se requiera un momento o dos para producir el color complementario. La retina debe ser primero impresionada a fondo por el tono demandante antes de que el correspondiente pueda ser claramente observable.
78.
Cuando los buzos