confusa a la luz, de modo que quede opuesto al papel. La luz del sol incidirá sobre y en los círculos del hilo, y no se manifestará, como en la lente convergente del ojo, en un punto; sino que, como el papel puede recibir el reflejo de la luz en cada parte de su superficie, se verá en líneas semejantes a cabellos, que son también irisadas.
370.
Este experimento es puramente catóptrico; pues como no podemos imaginar que la luz penetre en la superficie del acero y sufra así una modificación, pronto nos convencemos de que nos encontramos ante una mera reflexión que, en su carácter subjetivo, está relacionada con la teoría de las luces de débil acción y con la imagen postrera de las luces deslumbrantes, y en la medida en que puede considerarse objetiva, anuncia, incluso en las apariencias más diminutas, un efecto real, independiente de la acción y reacción del ojo.
371.
Hemos visto que para producir estos efectos no se necesita meramente luz, sino una luz potente; que esta luz potente, a su vez, no es una cualidad abstracta y general, sino una luz circunscrita, una imagen luminosa. Podemos convencernos aún más de esto mediante casos análogos.
372.
Una superficie pulida de plata colocada al sol refleja una luz deslumbrante, pero en este caso no se ve ningún color. Si, sin embargo, rayamos ligeramente la superficie, aparecerá, bajo un cierto ángulo,